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Dos cosas me admiran: la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres. Flora Tristan
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LA CORRIDA DE TOROS
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con 0 valoraciones. Publicado el Tuesday, January 01, 2008.
LAS CORRIDAS DE TOROS
Por Eduardo Lamazón
No me gustan los toros, las corridas. Siempre sufre y muere el único ser vivo hermoso, inteligente y noble que hay en la plaza.
El toreo sobrevive como una de las prácticas más crueles que hayan creado los hombres para divertirse.
Correr toros para entretenerse, torturarlos, matarlos, sólo puede ser alimento de espíritus paupérrimos, devastados. Es más fácil explicar el porqué de una guerra que la presencia de público en las gradas de la plaza celebrando el dolor y el asesinato.
Es un crimen con todas las agravantes para quienes sostenemos que el animal no humano es sólo otra especie hija de la naturaleza, y que el animal humano ni es superior ni tiene derechos morales defendibles para arrancarle la vida sólo porque puede hacerlo. De hecho no puede hacerlo desde el comportamiento de un ser civilizado, porque el ser civilizado se conduce como se lo dictan su educación y deberes para con los demás y para con el universo que lo contiene, y no usa la potencialidad "poder" como sinónimo de aptitud para la barbarie. Puedo matar un niño. No lo hago por formación, no porque me amenacen con la cárcel.
Nada ha cambiado para esta humanidad bárbara que hace veinte siglos asistía al circo romano y hoy va a las corridas de toros. Cuando el hombre es silvestre se divierte con inmoralidades y las justifica: "la raza de lidia es criada para la muerte en la plaza", o "no sobreviviría la raza si no fuera por las corridas". ¡Pues que se extinga! ¡Qué carambas le importa al toro torturado asegurarse de tener hijos, nietos o compadres!
Nadie lo ha dicho mejor que la médica y bióloga española Nuria Querol: "Los antiespecistas consideramos que no es aceptable la discriminación arbitraria de otros animales por el mero hecho de pertenecer a una especie distinta a la nuestra ya que la relevancia moral no viene determinada por la inteligencia, sexo, raza, religión, edad, la habilidad para hacer macramé o cocinar magdalenas sino por la capacidad para experimentar placer y dolor."
Los toreros gozan de la impunidad que les da la descomposición de sociedades en permanente agonía, conducidas por ígnaros o sicópatas, y no me digan que exagero, o múestrenme en la geografía del poder dónde hay un estadista, que no encuentro ninguno.
Las reuniones taurinas son alegría para unos pocos insensibles al dolor animal y son angustiado sufrimiento para muchos seres piadosos y pensantes que quedan en el mundo. Lástima que los más, los mejores, los incruentos, deban asistir impotentes al cataclismo de vesania, de barbarie, de estulticia.
Cada quien se divierte como puede, en consonancia con su grado de formación y sus estados de conciencia. El Mochaorejas nunca estuvo en Bellas Artes. Imagínese lo que separa a alguien que goza con María Callas cantando Fidelio de otro que se regodea con la masacre de un ser sintiente en la plaza umbría.
En España, en México, en Francia, en Perú, al crimen algunos le llaman tradición, a pesar de estar documentado que el 80, 85 % de la población de los propios países taurinos rechaza la torpe fiesta. Las autoridades son siempre sordas y mudas. ¿Qué otra cosa que el negocio infame que hay detrás podría explicarlo?
Hace poco tiempo la ciudad de Granollers, cercana a Barcelona, se declaró "amiga de los animales" y prohibió las corridas de toros, tras lo cual el alcalde del lugar, Josep Mayoral, recibió un alud de críticas por el anuncio. ¿De quiénes podían provenir tales críticas? ¿De seres humanos elevados, sensibles, educados, capaces de rechazar el dolor y la barbarie, de respetar todas las formas de vida y de condolerse con los seres más débiles? Seguramente no.
A los que defendemos a los animales nos llaman locos, porque a quién diablos le puede importar el sufrimiento de un toro. A mí al revés, me es incomprensible la microscópica pequeñez de las mentes de esos forajidos que persiguen a un animal indefenso, provocando en los observadores más que asombro por su ignorancia, miedo, por recordarnos de lo que son capaces.
Cientos de especies desaparecen cada día de la faz de la tierra, y a los que respetamos a los animales y a la naturaleza nos llaman locos. ¡Locos ellos!, ¡locos los crueles!, ¡locos los depredadores!. El derecho que les asiste es ninguno. Son enemigos de la convivencia. La tolerancia que reclaman es la que podría desear un violador para someter a sus víctimas sin ser perseguido. Son fatuos, desalmados, sanguinarios.
Y los que llevan a sus hijos de siete, de ocho años, a ver desangrarse un toro hasta morir, rodeado de la burlona carcajada cínica de la masa acéfala... ¿tendrán cara para esperar mañana que sean hombres morigerados, de buenos sentimientos, buenos hijos, solidarios, comedidos?
La mucha o poca esperanza de redención para el mundo reside en los buenos hombres, los de corazones cultivados y magnánimos. Los que cambian siempre la muerte por la vida, la destrucción por la creación, los que participan de la humanidad sin servirse de ella.
Es necesario no sentir el dolor ajeno como ajeno. Hay que sentir el dolor ajeno como propio, como fórmula para vivir en un mundo mejor. ¿Es tan difícil de entender? Eticamente son aceptables todas las actividades humanas que no dañan a un tercero, aunque sea un animal.
No hay palabra más triste que la palabra torero.
eduardol05@yahoo.com.mx
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Qué tan mudables son las leyes de la Iglesia? La Tauromaquia.
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con 0 valoraciones. Publicado el Tuesday, September 04, 2007.
Por Sergio magaña Pereira
Hoy .en día, es común encontrar mezclado lo religioso con lo profano; lo espiritual con lo material y la insensible crueldad. La gente que acude a las ferias de los pueblos lo mismo entra a los templos en actitud piadosa, que luego asiste a las peleas de gallos o a las corridas de toros y no ve ninguna incongruencia en ello. En México, al igual que en otros países cristianizados, persiste la costumbre de organizar corridas y otros festejos crueles con animales para “honrar” a los patronos o santos locales. Extrañamente, la Iglesia ha consentido esta rara relación, sin importarle que este sincretismo contravenga los sentimientos de piedad, compasión, o respeto a la vida que se supone debe inspirar la religión. Con tal que se llenen los templos, los párrocos permiten que sus alrededores se conviertan en mercados, que las bebidas alcohólicas fluyan a raudales o que se sacrifiquen animales para entretenimiento público… La pregunta es ¿siempre ha sido esto así?, ¿acaso nunca nadie lo ha cuestionado?... La respuesta es no, no siempre ha sido así; y ha habido algo más que simples cuestionamientos…
Centrémonos en las corridas de toros. Desde hace varios siglos, estas han sido rechazadas por diversos hombres de la Iglesia que han pretendido ser más congruentes con su fe. Tal es el caso del obispo de Valencia, Tomás de Villanueva o el canonizado sacerdote San Juan de Avila, ambos en el siglo XVI. Incluso, hasta la reina de España en el siglo XV, Isabel, la Católica , expresó su desagrado por dichos espectáculos y le aseguró a su confesor Fray Hernández de Talavera que nunca asistiría a una corrida. La violencia y la brutalidad de los festejos taurinos, eran vistos como una amenaza para la doctrina y un comportamiento denigrante en personas de fe.
• La bula antitaurina de San Pío V
El 1 de Noviembre de 1567, el Papa Pío V (declarado santo en 1712) promulgó la bula De Salutis Gregis Dominici , en la cual prohibía los espectáculos taurinos y decretaba pena de excomunión perpetua a quienes los autorizaran o participaran en ellos. El documento califica a dichos espectáculos como “ cruentos y vergonzosos, no de hombres sino del demonio ”, considera también que “ no tienen nada que ver que la piedad y caridad cristiana ”, prohíbe “ terminantemente ” tanto al clero como a la sociedad civil participar en los mismos, y niega sepultura eclesiástica a quienes mueran en el ruedo. La bula pontificia consta en total de 9 cláusulas y en su parte medular expresa lo siguiente:
“2. …considerando que estos espectáculos en los que se corren toros y fieras en el circo o en la plaza pública no tienen nada que ver con la piedad y caridad cristiana , y queriendo abolir estos espectáculos cruentos y vergonzosos, no de hombres sino del demonio , y proveer a la salvación de las almas en la medida de nuestras posibilidades con la ayuda de Dios, prohibimos terminantemente por esta nuestra constitución, que estará vigente perpetuamente , bajo pena de excomunión y de anatema en que se incurrirá por el hecho mismo Ipso facto, que todos y cada uno de los príncipes cristianos, cualquiera que sea la dignidad de que estén revestidos, sea eclesiástica o civil, incluso imperial o real o de cualquier otra clase,… permitan la celebración de estos espectáculos en los que se corren toros y otras fieras en sus provincias, ciudades, territorios, plazas fuertes, y lugares donde se lleven a cabo...
3. Y si alguno de ellos muriere allí, no se le dé sepultura eclesiástica.
4. Del mismo modo, prohibimos bajo pena de excomunión que los clérigos tanto regulares como seculares que tengan un beneficio eclesiástico o hayan recibido órdenes sagradas tomen parte en estos espectáculos .
5. … queda prohibido, por cualquier persona, colectividad o colegio sobre tales corridas de toros aunque sean, como ellos erróneamente piensan, en honor de los santos o de alguna solemnidad y festividad de la iglesia, que deben celebrarse y venerarse con alabanzas divinas, alegría espiritual y obras piadosas , y no con esta clase de diversiones. “
Los firmes argumentos y las férreas disposiciones de esta bula, la convierten en un documento aparentemente contundente, y que debió constituir la posición oficial y definitiva de la Iglesia en relación a los espectáculos taurinos. Extrañamente, esta bula ha sido poco difundida y diríase que premeditámente se le ha querido mantener en el olvido. Hasta en las enciclopedias católicas existen pocas referencias a la misma, y cuando se reseña la biografía de Pío V, a lo mucho sólo se pueden encontrar escuetas frases como “ prohibió la lidia ” o “ mereció su desaprobación la pagana costumbre de correr toros ”; frases que están muy lejos de expresar los alcances de un documento tan trascendental. Pero en su momento la bula de Pío V causó gran conmoción, sobre todo en la España católica, donde su rey Felipe II, gustaba de alancear toros y al igual que muchos nobles de su corte, era un “amante” de la lidia. Italia y Portugal acatan la disposición pontificia casi de inmediato; Francia lo hace algunos años después con cierta reticencia; sólo España se resiste y continúa organizando corridas de manera “clandestina”. Se sabe incluso, que algunos clérigos que actuaban más como nobles aristócratas que como verdaderos eclesiásticos, acudían disfrazados a las plazas de toros.
• La Iglesia cede ante el poder temporal
Tratando de sacar provecho de algunos servicios prestados al Papa, quien para detener el avance de los turcos había establecido una alianza militar con Venecia y España (la llamada Liga Santa), Felipe II intenta coaccionar a Pío V para que derogase la bula, pero el Papa se mantiene inflexible. No ocurre lo mismo con su sucesor Gregorio XIII, quien deseoso de congraciarse con la aristocracia y agradecido con España por su apoyo para intentar derrocar a Isabel, la reina protestante de Inglaterra, accede a las “ súplicas humildemente presentadas ”, de “ nuestro hijo, muy amado en Cristo, Felipe, rey católico de las Españas ” y publica una encíclica para levantar la prohibición de asistencia a las corridas, aunque solamente a los laicos y a los militares. Sin embargo, en la práctica, hasta los clérigos comienzan a frecuentar de nuevo las plazas taurinas, lo que ocasiona que años más tarde, el Papa Sixto V publique un decreto reiterando la prohibición a los clérigos y endureciendo las sanciones a quienes no cumplan con dicha disposición. Finalmente, en 1596, y otra vez por influencias de Felipe II, el Papa Clemente VIII termina por “legitimar” las corridas de toros, aceptando que las penas decretadas por Pío V “ ciertamente graves y temibles, no han conseguido eliminar los combates y los espectáculos en los reinos de las Españas, lo cual desde luego, hubiera sido de desear… ” El texto del edicto parece moderar las prohibiciones a los clérigos, aunque al final les advierte y les exhorta a “ no abusar de esta, nuestra paterna benignidad y de la Sede Apostólica , sino que acordándose de su ministerio y vocación los tengan siempre en cuenta… ”
Luego de este pronunciamiento, los taurómanos festejaron con gran arrogancia y altanería, con frases que hasta la fecha vienen repitiendo, cambiando nada más algunas palabras: “ La política ha derrotado a la teología ”, “ Si las excomuniones no pudieron contra las corridas, nada podrá contra ellas ”… Con la complicidad de la Iglesia , los espectáculos taurinos se convirtieron rápidamente en un lucrativo negocio. A mediados del siglo XVII, ya se organizaban corridas “de beneficencia” para recaudar fondos que el clero utilizaría con “fines altruistas”. Incluso varios monjes dominicos, agustinos y cartujos se dedicaban a la cría de toros. No había fiesta ni celebración religiosa en España, que no se celebrara apaleando o alanceando toros o vaquillas por las calles, en las plazas o en el campo. La sangre inocente de miles de animales fue derramada para saciar el instinto cruel y belicoso de la oligarquía española. Para alimentar su ego, tan necesitado de lisonjas, aplausos y admiraciones (y de paso también para terminar de redondear el negocio), la nobleza transmitió su gusto monstruoso a los demás estamentos sociales. Muy pronto la plebe también comenzó a participar activamente en estos espectáculos, algunos veces como espectadora y en otras como carne de cañón, según conviniera a los nobles
Vencidas las fuerzas de la Iglesia , a los taurómanos se les hizo más fácil sortear los diferentes obstáculos y prohibiciones de carácter civil que se dieron en los siglos sucesivos. Al igual que lo hicieron con la viruela, los españoles exportaron esta enfermedad social a los países que colonizaron, en donde pronto comenzaron a organizarse eventos taurinos en torno a festividades religiosas que tradicionalmente se hacían para honrar a vírgenes o santos de cada ciudad, villa o poblado, prácticas que se mantienen hasta la actualidad. Hoy en día, el clero se ha inmiscuido de tal forma en las corridas de toros, que hasta se dan casos extremos como el del obispo de Ecatepec, en el Estado de México, Onésimo Cepeda, convertido en un “flamante empresario taurino”.
• ¿Puede derogarse una bula papal?
No nos corresponde discutir qué tanto puede un Papa anular los decretos de un antecesor suyo en el cargo, más aún, cuando estos se habían dado en términos de “perpetuidad vigente”. Lo que si parece un hecho irrefutable es que el deseo de Pío V era que sus disposiciones se cumplieran estrictamente y no pudieran ser revocadas. Al menos así lo señalan reiteradamente los párrafos de algunas cláusulas de su bula antitaurina:
“5. Dejamos sin efecto y anulamos, y decretamos y declaramos que se consideren perpetuamente revocadas, nulas e irritas todas las obligaciones, juramentos y votos que hasta ahora se hayan hecho o vayan a hacerse en adelante …
6. Mandamos a todos los príncipes, condes y barones feudatarios de la Santa Iglesia Romana… hagan cumplir escrupulosamente en sus dominios y tierras todo lo que arriba hemos ordenado y serán abundantemente recompensados por el mismo Dios por tan buena obra.
7. A todos nuestros hermanos patriarcas, primados, arzobispos y obispos y a otros ordinarios locales en virtud de santa obediencia, apelando al juicio divino y a la amenaza de la maldición eterna, que hagan publicar suficientemente nuestro escrito en las ciudades y diócesis propias y cuiden de que se cumplan , incluso bajo penas y censuras eclesiásticas, lo que arriba hemos ordenado.
8. Sin que pueda aducirse en contra cualesquiera constituciones u ordenamientos apostólicos y exenciones, privilegios, indultos, facultades y cartas apostólicas…, incluso derogatorias de derogatorias ,… lo mismo que cualquier otro documento que se oponga.
9. Queremos que el presente escrito se haga público en la forma acostumbrada en nuestra Cancillería Apostólica y en el campo de Flora y se cuente entre las constituciones que estarán vigentes perpetuamente …
Por tanto, absolutamente a nadie le es lícito ir contra este escrito. “
Tal parece que el Papa Pío V conocía muy bien los niveles de corrupción e influyentismo que se habían infiltrado en la Iglesia , especialmente luego de los excesos y frivolidades de algunos Papas renacentistas como Alejandro IV y Julio II, quienes habían presidido festejos taurinos hasta en la misma plaza de San Pedro. Otros Papas como León X y Julio III, se destacaron por su afición al lujo y a los entretenimientos cortesanos, además, muchos clérigos tenían estrechos vínculos y lazos muy fuertes con los nobles y aristócratas de su tiempo. Quizás por ello, Pío V redactó su edicto de tal forma que resultara inequívoco de su voluntad y que además no dejara posibilidad a alguna revocación futura, lo cual, obviamente no se pudo cumplir. A diferencia de Gregorio XIII, tanto Sixto V como Clemente VIII reconocen en sus respectivos edictos la “Constitución perpetua” de Pío V; por lo que resulta difícil comprender cómo pueden ser derogadas las disposiciones de una Constitución de ese tipo. Pero a los reyes y a los príncipes cristianos de entonces no les preocupaban ese tipo de “minucias”, les bastaba con que la autoridad eclesial se pronunciara a favor o en contra de lo que a sus intereses convenía, sin importar la forma como lo hiciera. Además, siendo los Papas de la época auténticos autócratas, difícilmente alguien se hubiera atrevido a cuestionar la congruencia o falibilidad de sus decretos. Y es que mientras Pío V alude a razones de tipo moral para expedir su bula condenatoria (“ no tienen nada que ver con la piedad y caridad cristiana ”), los Papas Gregorio XIII y Clemente VIII aluden a otro tipo de razones para dejarla sin efecto (“ accediendo a las súplicas de nuestro bien amado, rey, Felipe …”, “ observando que las mencionadas penas y censuras hasta ahora han servido de poco en los citados reinos de las Españas …”)
Los defensores de la tauromaquia han tratado de empañar la imagen de Pío V alegando que fue un “Papa inquisidor” (había sido realmente Inquisidor Mayor durante el pontificado de Paulo IV), “puritano”, “conservador en extremo”, “enemigo de las artes y las actividades recreativas”,… tal vez, pero no podrán negar su celo riguroso ni el empeño que puso en tratar de devolver a la Iglesia su verdadera espiritualidad. Se dice que Pío V se caracterizó por su austeridad; algunas anécdotas relatan, que al tomar posesión como Papa, rehusó seguir la costumbre de ofrecer una comilona a príncipes y dignatarios (algo parecido a los banquetes de hoy en día, en los que la alta jerarquía eclesiástica departe con la crema y nata de políticos y empresarios). También se cuenta que personalmente visitaba hospitales y orfelinatos con regular frecuencia. Podrán criticársele algunas cosas a Pío V como hombre que fue de su tiempo, pero no se podrá negar que como religioso trató de ser más congruente con su fe, y que combatió duramente algunos vicios de su época que habían contaminado a la Iglesia.
• Revalidada la figura de San Pío V
Los taurómanos tampoco pueden negar que la palabra de Pío V ha sido revalidada en diferentes ocasiones. Por ejemplo, en 1680, el Papa Inocencio XI hizo llegar al rey español Carlos II, un escrito donde le recordaba la vigencia de las prohibiciones de Pío V. En esa ocasión, el cardenal Fernández de Portocarrero que fue quien entregó el escrito, le hizo ver a Carlos II “ cuánto sería del agrado de Dios el prohibir las fiestas de toros ”. En 1920, el secretario del Estado del Vaticano, cardenal Pietro Gasparri redactó un escrito en donde apuntaba que “ la Iglesia continúa condenando en voz alta, como lo hizo Su Santidad San Pió V, estos sangrientos y vergonzosos espectáculos ”. En 1989, el Consultor de la Congregación para el Clero de la Santa Sede , monseñor Mario Canciani llegó a la conclusión luego de un estudio histórico, de que todos quienes frecuentan estos eventos están en estado de excomunión, además Canciani reconoce que “ hoy, muchos laicos que luchan denodadamente contra la corrida se preguntan qué ha hecho la Iglesia contra esta ignominia ".
El Papa Juan Pablo II ha terminado de reivindicar la figura completa de Pío V. En un escrito enviado al obispo de Alejandría en mayo de 2004 con motivo del V centenario de su nacimiento se refiere a él como un “ gran pontífice ” e invita a “ reflexionar sobre la rica herencia de ejemplos y enseñanzas que transmitió, muy valiosas también para los cristianos de nuestro tiempo ”. Juan Pablo II consideró que había analogías entre la época de Pío V y la de su propio pontificado, marcados ambos por la inmediata celebración de un Concilio (Trento y Vaticano II), tras ellos, considera que ambos pontífices han hecho grandes esfuerzos para aplicar sus resoluciones “ dando vida a auténticos procesos de reforma de la Iglesia ”. Durante el papado de Juan Pablo II, se dieron algunos pronunciamientos significativos a favor de los animales, tal es el caso del reconocimiento de alma en ellos. Juan Pablo II proclamó que “ los animales poseen un alma y los hombres debemos amar y sentirnos solidarios con nuestros hermanos menores ”, expresó también que todas las entidades vivientes, incluidos los animales , existen debido al “soplo” de Dios. El actual Papa Benedicto XVI, fue un cercano colaborador de Juan Pablo II, lo que hace abrigar una esperanza positiva en este renglón.
Pero ¿qué opinarán al respecto los demás obispos y sacerdotes, especialmente aquellos que consienten se maltrate animales para diversión y entretenimiento? En congruencia con sus principios, la Iglesia podría adoptar una postura definida, clara y decisiva que sería una gran impulso para que muchos de sus fieles mejoren su relación con el medio ambiente y con los seres que lo integran, frutos todos ellos, también de la creación…; a menos, claro que prefiera seguir resguardando intereses materiales o continuar apoyando las ambiciones de algunos poderosos. Felis Magaña
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" Correr toros es cosa peligrosísima para la conciencia de quien manda o autoriza su celebración ." San Juan de Ávila – Sacerdote.
“Os denuncio pues en nombre de Jesucristo Señor nuestro, que todos cuantos obráis y consentís, y si es vuestro, no prohibís las corridas, no sólo pecáis mortalmente, sino que sois homicidas y deudores delante de Dios en el día del juicio de tanta sangre violentamente vertida”, Tomás de Villanueva – Arzobispo de Valencia
"¡Que guste España de ver / una fiesta tan maldita!". Tirso de Molina – Religioso y dramaturgo
“… esta pública y sangrienta tragedia premeditada, con muertes de toros y caballos… ¿Qué los pueblos deben tener diversiones?, conforme. Pero no perversiones” Martín Sarmiento – Teólogo
"...Cuanto sería del agrado de Dios el prohibir las fiestas de toros" Luis Manuel Fernández de Portocarrero – Arzobispo.
"El toreo es el último escollo de una humanidad sin civilizar." Tomás Isidro y Gomá.– Cardenal y teólogo
“Las corridas de toros son trasunto de la pagana barbarie. Santísima sería la ley que las prohibiera” Martín de Alpizcueta Navarro – Canonista
"Las fiestas de toros son indignas de un pueblo civilizado y los extranjeros asistentes a dicho espectáculo se hacen cómplices de la barbarie española” Jaime Balmes – Sacerdote y filósofo
"Aunque la barbarie humana se atrinchere aún en las corridas de toros, la Iglesia continúa condenando en voz alta, como lo hizo Su Santidad San Pío V, estos sangrientos y vergonzosos espectáculos" Pietro Gasparri – Secretario de Estado del Vaticano
“El derecho a ser asistidos por animales en nuestro tiempo libre ¿implica el matar toros después de haberles atormentado durante un buen tiempo con banderillas?” Marie Hendrickx – Teóloga del Vaticano
“Porque yo quiero amor, no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos” Oseas 6.6
“¿Acaso me alimento de carne de toros, o bebo sangre de machos cabríos? ofrece a Dios sacrificio de acción de gracias, cumple tus votos al Altísimo” Salmo 50. 13-14
“Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inultimente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas” Catecismo de la Iglesia. Num 2418
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Tauromaquia o el Perfeccionamiento del Sadismo
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con 0 valoraciones. Publicado el Tuesday, September 04, 2007.
Un análisis de los eufemismos usados en el discurso taurino y de la inconsistente y arbitraria argumentación de sus defensores, revelará a esta tortura reglamentada como una de las mayores mascaradas de la sociedad del espectáculo, a la vanguardia en la creación de simulacros. Tortura maquillada para ocultar las miserables realidades de un negocio que promociona la violencia incluso por canales mediáticos.
El toro de lidia
Su ‘nobleza' reside en la manipulación por parte de los ganaderos para obtener un animal que, ante el peligro, ataque sin pretender la huida. Genéticamente se buscan toros con mucho peso y poca fuerza, por si los puyazos del picador en el tercio de varas de la corrida, o los arpones en el tercio de banderillas -amén de las ilegales pero usualmente empleadas prácticas previas-, no fueran suficiente para quebrantarlo. No hay, en realidad, un Bos taurus de lidia, porque no existen caracteres psicológicos ni morfológicos propios diferenciadores que se perpetúen hereditariamente. Por eso, hasta la sanción del nuevo Reglamento Taurino -que lo prohibió para favorecer los intereses de los ganaderos específicos-, se utilizaban en las corridas toros destinados a alimentación, algunos tan fuertes como los criados para la lidia. Cualquiera de éstos podría ser un Civilón, corrido en 1936 en Barcelona: Mientras recibía las heridas del picador, la voz familiar del campesino que lo había cuidado y lo llamaba con desesperación, hizo que Civilón acudiera a él en pos de cariño y salvación. Obligado a proseguir la lidia, dos veces más se retiró para reencontrarse con su amigo hasta que fue por fin ‘indultado'. No es el único caso.
En libertad, este herbívoro manso sólo combate contra otro frente a una vaca en celo. Empuja las testuces -no los cuernos- hasta que su contrincante cede. Sólo cuando es aislado de la manada se asusta y entonces usa sus cuernos no por bravura sino por miedo. Así es como sale a la arena, aterrado, encontrándose ante el único elemento móvil representado por la capa en vuelo. Estímulo al cual responde embistiéndolo ingenuamente en la lucha por aliviar el dolor que está sufriendo. Esto es aprovechado por el torero para que no se fije en él, que permanecerá inmovilizado hasta donde le sea posible. De cerca y por los lados, muy poco es lo que ve el toro: Los banderilleros entran por estos ángulos muertos de la visión y los toreros se quedan cerca porque es la zona más segura. Las ‘banderillas' son arpones de acero que se engarfian en la carne y la horadan con toda la saña que llevan quienes las clavan. El fraude tauromáquico reside en garantizar, disminuyendo a una de las partes, que la otra la destruya con crueldad. El dolor en el cuello provocado por las profundas heridas, que al igual que la hemorragia se agravan con el movimiento del animal, lo obliga a bajar la cabeza, posición indispensable para que el valiente torero pueda clavarle la espada. Aquéllo de que el toro no sufre es una farsa tan insostenible desde lo biológico que referirse a la ‘bravura' y la ‘entrega' de un animal acuciado por el dolor y la imposibilidad de huir es una burla más que lamentable.
La vida en las dehesas dista de las escenas bucólicas de las que dan parte los taurinos. Separación temprana de la madre, marcado con hierros candentes, chapas clavadas en las orejas, jornadas ‘de acoso y derribo'. Una alimentación deficitaria que habitualmente los mantiene enfermos de tuberculosis, nefritis, pleuresía, parasitosis severas de hígado e intestinos: un 48% de animales enfermos según revelan las autopsias post-lidia.
El ‘matador'
Figura prefabricada que sabe sobre la ausencia de una lucha sincera con el animal en igualdad de condiciones. Engalanado con el traje de luces para enfrentar al ‘toro bravo', un ser maltratado, desnutrido, martirizado y con la desesperación de saber que se está jugando la vida, tendrá, por las dudas, una cuadrilla que entrará al ruedo para defenderlo en caso de imprevistos. Aunque el final tiene poco de fortuito.
En general de origen humilde, aplausos y dinero serán provistos por una actividad considerada, en la mayoría de los países del mundo, como un acto de crueldad. Se lo ha querido envolver con una halo de virilidad, a pesar de su indumentaria afeminada y su comportamiento de héroe artificial ligado al rótulo de ‘novio de la muerte'. Cientos de actividades en el mundo son más capaces de generar viudas y ninguna se asocia con un supuesto erotismo masculino, más bien un lugar de ruptura del goce, donde el torero se construye falsamente como hombre valiente, apuesto y seductor. Los críticos taurinos suelen hoy lamentar la creciente frecuencia con que los toros se derrumban. Y es porque a la tortura reglamentada suele agregársele otras previas a la salida al ruedo: administración de tranquilizantes, laxantes, palizas, vaselina en los ojos, algodón en las vías nasales, cortes en las patas que luego se rocían con aguarrás o amoníaco para que el dolor lo paralice y otras atrocidades por el estilo. También el ‘afeitado' de los cuernos que traumatiza por el intenso dolor cuando se hace sin anestesia y que si hecho con ella, lleva a que el animal se quede corto al sentir más largas sus astas. Su suerte está echada de antemano. Sus errores son atribuidos, en el discurso radiofónico y para dejar intacta la imagen del torero, al inocente animal. Es un combate contra una fiera sin colmillos obligada a una lucha con trampas meticulosamente calculada para su derrota.
Cristina Sánchez, la mujer torera que el año pasado se retiró atacando el machismo imperante en el medio, es un ejemplo de mujeres accediendo a los núcleos tradicionalmente masculinos. Este tema plantea a las mujeres de hoy una cuestión fundamental: La liberación de la mujer, ¿es un camino hacia los esquemas de opresión construidos por los hombres, desde donde oficiará a su vez de opresora ? ¿O llegará a ellos para forzar una transformación de la que también muchos hombres son partícipes ? ¿Se convertirá en legisladora para sostener la violencia de la que sigue siendo víctima o trabajará para eliminarla?
El espectáculo
‘De salutis gregis domici' es el nombre de la Bula que en 1567 publicó el Papa San Pío V condenando las corridas como "festejos" más propios de demonios que de hombres, sentenciando a excomunión a quienes los consintieran o presenciaran y hasta negando sepultura cristiana a quienes murieran en la lidia. En España, el absolutista Felipe II se las arregló para que la Bula no fuera aplicada, lo que es fácil de explicar con un Estado Pontificio que necesitaba el apoyo de un imperio que en ese entonces dominaba medio mundo. Los Papas posteriores prefirieron enmendarla. No se conoce la excusa que los actuales clérigos que concurren a las plazas dan, sobre todo con las declaraciones del actual Juan Pablo II acerca de la existencia de alma en todos los animales. Tal vez sea para apoyar los cristianos sentimientos de los aficionados, que realizan estas actividades en nombre de la virgen de la Macarena , la virgen de la Soledad y del Jesús del Gran Poder. En el s. XIX O'Higgins las abolió de un plumazo al libertar a Chile, junto a la esclavitud y las peleas de gallo. En Argentina están prohibidas por ley nacional, lo que no obsta a que el Club Español las haya propuesto en Villa Gesell unos años atrás. Se practican hoy en estilo español en Venezuela, México, Perú y Colombia, Ecuador, España, Francia y Portugal. Y estilo bufo o local (semi-rodeo y en donde en el pasado se han tratado, y fallado, de instalarlas estilo español) en Costa Rica, Panamá, Honduras, Nicaragua, Bolivia, Rca. Dominicana, Hong Kong, Egipto y algunos países de Europa Oriental. En México además se adiciona la novillada, donde las víctimas son terneritos de pocas semanas de vida. En las llamadas "bloodless bullfights", corridas sin sangre, legales en muchos estados de EE.UU., los animales son atormentados, burlados y aterrorizados, y aunque no se los mata durante el sádico espectáculo, son con frecuencia muertos inmediatamente después.
La corrida es un monumento a la simulación. Comenzando por el hecho de que ningún toro daría su "consentimiento" para una lucha tan absurda, incluso si se hiciera en igualdad de condiciones. Los niños aún ‘no preparados' que son llevados por sus padres para que ‘adquieran experiencia', suelen llorar y taparse los ojos con espanto. Se les enseña que al toro ‘no le duele' y que ‘el toreo es un arte'. "Inconscientemente ese niño termina asumiendo que la tortura y la sangre que brota del animal no significa nada y en el largo plazo eso es muy grave en un país como Colombia en donde la vida vale muy poco", dijo Alvaro Posada, Director para América Latina de la Sociedad Humanitaria Internacional. La diputada catalana Pilar Rahola, al pedir al Congreso en 1999 que se prohiba la entrada al espectáculo taurino a los menores de 14 años, expresó que el Estado español "está anclado en el pasado bajo el epígrafe de un patrimonio cultural". Heridas sangrantes, dolosamente provocadas en el cuerpo del animal, son así vaciadas de tragedia. Eufemismo: el "arte" de la tauromaquia. Las emociones que brinda este arte son las propias de una exposición de torturados.
De origen militar, el toreo tiene antecedentes en los cuerpos de caballería llamados lanceros, que utilizaban en sus prácticas manadas de toros y vacas. No sólo en España y Francia, sino en otros países como Inglaterra e Italia, donde no sobrevivieron al pasado siglo XX. En España, el absolutista Fernando VII, junto al cierre de las Universidades y la prohibición de la constitución liberal, restauró las corridas para un público sediento de violencia. Entonces los toreros corrían algunos riesgos. Los caballos eran víctimas en el ruedo de atroces escenas hasta la muerte y aún hoy se les corta las cuerdas vocales para silenciar gritos de dolor. Progresistas y republicanos han solicitado varias veces la supresión de las corridas, apoyados por filósofos y escritores como Miguel de Unamuno, Santiago Ramón y Cajal, José Ferrater Mora, Félix Rodríguez de la Fuente , Miguel Vincent, Jesús Mosterín, Rosa Montero, y, por supuesto, por los miles de anónimos que individualmente o dentro de asociaciones defensoras de los animales, trabajan desinteresada e incesantemente para abolir la pregonada y protegida por Franco como ‘fiesta nacional'.
En España la actividad taurina es sostenida con fondos públicos a pesar de que, según diferentes encuestas, la mayoría de los españoles no adhieren a la misma. Según una publicada en La Vanguardia , Barcelona, del 11 de noviembre del 98, el 97% de los españoles aseguran no tener afición a las corridas. Ya en 1984 la encuesta del prestigioso Instituto Gallup mostró que había un aficionado por cada 6 personas, que pertenecían principalmente a las clases más modestas y que la relación era aún menor entre los que tenían entre 15 a 24 años. En lugar de partidas presupuestarias específicas, la ayuda oficial se imparte con subvenciones a los ganaderos -los toros muertos se comercializan a pesar de que su carne ha sido reiteradamente señalada como peligrosamente tóxica para el consumo humano-; gastos en promoción turística -a pesar de que cada vez más los turistas repelen las corridas-; asignación de dinero para fomento de actividades taurinas; propiedad de las plazas de toros que son mantenidas por el Ayuntamiento y derechos de retransmisión de las corridas en cadenas televisivas, incluso en horarios aptos para que los niños aprendan lo que ciertos adultos se han adjudicado el derecho a hacer. Montar un teatro de crueldad donde los que sufren son los únicos a quienes no les interesa participar. Unos 35.000 toros por año -sólo en España-, torturados hasta el último soplo y cientos de caballos atrozmente mutilados, desechados después de algunas corridas y a veces muertos.
Una de las mejores definiciones de la tauromaquia la ha dado en 1980 la UNESCO al decir que es "...el malhadado y venal arte de torturar y matar animales en público y según unas reglas. Traumatiza a los niños y los adultos sensibles. Agrava el estado de los neurópatas atraídos por estos espectáculos. Desnaturaliza la relación entre el hombre y el animal. En ello constituye un desafío mayor a la moral, la ciencia y la cultura."
El público
Las corridas, se dice son un medio de embrutecimiento de las masas. Pero también son ocasión, cuando coinciden con fechas de fiestas españolas locales, para obtener la foto en los sociales.
El porcentaje de aficionados es verdaderamente reducido y el 90% de los turistas, horrorizados, no regresa. Los incidentes de violencia son habituales en los anales taurinos. Como dato histórico, el 25 de julio de 1835 (San Jaime), en Barcelona, turbas de la plaza de toros de Condal, donde se había hecho una mala corrida, desencadenaron una serie de vandalismos que culminaron con una matanza de sacerdotes, lo que llevó a que la plaza se clausurara por 15 años.
El público participa de una ceremonia de dominio ficticio sobre un ser fuerte y hermoso, sojuzgado y llevado a ejecución. La masacre se enmascara con eufemismos. Un morrillo ‘mondo', en lugar de destrozado. ‘Parear' en vez de clavar instrumentos para causar dolor. ‘Concluir mal la faena', cuando en vez del corazón la espada alcanza los pulmones y no lo mata, lo que resulta habitual por la impericia reinante y por el lugar poco accesible en que el corazón se halla dentro del tórax. En estos casos se habla de ‘marear' al animal, presentándole capotes a derecha e izquierda. La finalidad no es el mareo sino que el estoque dentro del tórax al moverse haga una verdadera carnicería. El ‘descabellado' se usa para seccionar la médula y paralizar completamente al animal. La sección suele ser parcial dando lugar a horribles agonías durante las cuales se obtienen los ‘trofeos': las orejas o el rabo que se le cortan a un animal casi siempre consciente.
La miseria del mundo
El espectáculo taurino propicia el aniquilamiento de la compasión de quienes participan y presencian la matanza, con vías a ocultar y/o tergiversar, los miserables detalles de su montaje. Com-pasión, que no significa lástima sino "sentir con". Ponerse en el lugar del otro y padecer con él, com-padecerlo. Capacidad que el ser humano posee independientemente de que la ejerza o no, y que es atacada de sentimentalismo por los cultores de ruindades ajenas, etiquetadas de tradicionalismo. Una sensibilidad alerta no podrá, sin embargo, anestesiarse, y en la configuración escénica del espacio-tiempo de la corrida, percibirá apesadumbrada la angustia de la muerte de quien es usado por simple divertimento. Sólo para los actores humanos hay representación, porque este ‘juego' significa para el animal la pérdida de lo único que tiene y quiere: su propia vida. El escritor y músico Paul Bowles lo expresó con claridad en un reportaje póstumo, al decir que la razón por la que quería seguir viviendo es que era un animal, "y todos los animales quieren prolongar la vida a costa de lo que sea.". No sólo la compasión está ausente, sino también la ética que deriva del uso de la razón humana, instrumento útil también para deducir que el dolor provocado voluntariamente es un mal moral, porque hay un acto específicamente provocado para causarlo.
Junto a las numerosas fiestas populares españolas en las que se martirizan animales en medio de voluminosos gritos y agresivas borracheras, las corridas, en cualquier lugar del mundo, conforman una vergonzosa, cruenta sesión de tortura maquillada de costumbre, embebida de simulacro. Un espectáculo particularmente cruel, como sólo es capaz de planear el animal humano.
Fuente: Dra. Ana María Aboglio - Asociación Ánima www.anima.org.ar.
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Toro de lidia: ¿Nacido para morir?
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LOS ABERRANTES ARGUMENTOS TAURINOS Todas las cosas en cuanto son, se esfuerzan en persistir en su ser Spinoza Todas las criaturas vivas tienen muchas cosas comunes en su composición química, su estructura celular, sus leyes de crecimiento y su sujeción a influencias dañosas. Charles Darwin La voluntad, el deseo de vivir, es tan fuerte en el animal como en el hombre. Pío Baroja Concuerdo con el supuesto de muchos biólogos y filósofos, de que es una cualidad inherente a toda materia viva el vivir, el conservar la existencia. Erich Fromm
El título de este escrito podrá generar algún comentario irónico. A final de cuentas, todos nacemos para morir algún día. Efectivamente. Pero una cosa es morir por un evento natural (enfermedad, vejez) o fortuito (accidente), y otra muy distinta el que un ser vivo por su propia voluntad, adopte conductas que lo lleven indefectiblemente a su propia destrucción. Eso no tiene lógica. Los partidarios de la llamada “tauromaquia” arguyen que los toros de lidia son animales de combate que nacen para “ pelear hasta morir ”, que “ es un mandato que llevan en la sangre ”, que “ está en su naturaleza ”, que “ ellos mismos se matan en estado salvaje ”, y en concordancia con todas estas ' premisas ' , no ven nada de malo en ' encauzar ' este instinto y llevarlos a una plaza para que se inmolen siguiendo los “ dictados de su propio ser ”. Incluso, hay quienes dicen que la muerte del toro en el ruedo es una “ muerte natural ”, “ acorde con su naturaleza de morir peleando ”… De ahí emerge diáfano el tan cacareado argumento taurino: “ Los toros de lidia nacen y se crían para morir en una plaza ”, enarbolado como dogma irrebatible, o como designio divino que predetermina de antemano la suerte de un ser vivo. Por supuesto que hay quienes se creen por completo esta insidiosa argucia, bien sea por ignorancia, o bien por una ceguera voluntaria. Lo malo es que este sofisma no tiene soporte científico, ni filosófico, ni biológico, ni de ninguna clase.
1. DEL SUPUESTO INSTINTO DE PELEAR HASTA MORIR Cualquiera que tenga una poca de instrucción o de intuición, sabe que el propósito natural de la vida es vivir, permanecer en la existencia tanto como sea posible; y no sólo eso, sino buscar la manera más satisfactoria de mantener ese existir. Es un impulso tan primordial que lo vemos hasta en el más diminuto insecto, o en las plantas que se esfuerzan en crecer aún en terrenos agrestes, buscando con sus hojas la luz vital del sol. No existe en la naturaleza (por lo menos entre los organismos claramente desarrollados) ninguna especie que tienda a la autodestrucción. Y si la hubo en algún momento de la historia evolutiva, ha desaparecido sin dejar huella visible, lo que demostraría cuán contraproducente puede ser una conducta de ese tipo. El propósito de toda especie es perpetuarse, y por ello no puede permitir la permanencia de impulsos o instintos destructivos que puedan repercutir de manera nociva en la conservación de la misma. Aún cuando la muerte se presenta como algo inevitable, la tendencia natural de todo ser vivo es mantenerse y buscar lo mejor para sustentar ese existir. ¿Constituye el toro de lidia una excepción a esta regla? ¿Es acaso un ser autodestructivo que por su afición a la lucha no le importa morir, poniendo en riesgo a su propia especie? ¿O será más bien, que los infames tauricidas han violentado su tendencia natural, justificándose con el tramposo argumento de que le es propio “ pelear hasta morir ”?
2. DE LA SUPUESTA LUCHA EQUILIBRADA Los tauricidas dicen que la corrida es un combate, una pelea equilibrada “ como las que se dan en la vida misma ”. Pero la naturaleza nos enseña que los verdaderos combates sólo se dan entre individuos de la misma especie. Los enfrentamientos que se dan entre seres de especies distintas, son de otra índole, de diferente motivación, y se les llama también de distinta manera. Son más bien ataques, actos de agresión, de rapiña, o de depredación. Lo que motiva estos actos no es la intención de demostrar superioridad, sino una necesidad de sustento o de defender una posesión. Es lo que ocurre por ejemplo cuando un león ataca a una cebra, o cuando un ave defiende su nido de un agresor potencial. Incluso entre los depredadores, hay una tendencia de acometer con ventaja evitando las posibilidades de un combate real. Un tigre no se lanzaría sobre un elefante a menos que esté enfermo o herido. Una leona no atacaría a un antílope que pudiera estar cerca de una manada, Incluso, algunas especies han desarrollado técnicas, como el lobo, que hace correr a su presa para abalanzarse sobre ella sólo cuando ya está fatigada. No se trata pues de ninguna confrontación de destrezas o de habilidades análogas, sino de un claro y desarrollado comportamiento de ataque. El agresor es alevoso, lo que busca no es el sometimiento de la víctima sino su destrucción. En el caso de los enfrentamientos que no tienen como fin la depreda, las especies luchan para defender un área de influencia o una posesión. La intención tampoco es medir fuerzas sino expulsar al animal extraño del grupo o del lugar se defiende. ¿Cómo puede la corrida pretender ser un combate, si enfrenta a dos especies distintas en circunstancias no naturales? ¿Qué puede estimular a un toro para que desee luchar contra un hombre?... No puede decirse que una apetencia alimentaria porque el toro es una animal herbívoro. Tampoco la defensa de una posesión porque la plaza taurina no es su dehesa sino un territorio que le es ajeno y desconocido. ¿Acaso no es una perfidia y una vulgar agresión el obligar a pelear a un animal cuando no tiene una motivación natural para hacerlo?
3. DE LA VERDADERA NATURALEZA DE UN COMBATE En el mundo silvestre, los únicos combates propiamente dichos se dan entre individuos de la misma especie, que confrontan fuerzas y destrezas homólogas para dirimir rivalidades jerárquicas o territoriales. En estos encuentros, los animales luchan entre sí para establecer grados de jerarquía y competir por la posesión de recursos (pareja, comida, alimento). Ningún animal pelea por el simple “gusto de pelear”, ni tampoco “se matan” en estos enfrentamientos. Existen unas pautas de comportamiento llamadas “conductas de sumisión” o “de apaciguamiento”, que al parecer los tauricidas desconocen o dolosamente tratan de ignorar. Si el propósito de la vida es persistir y perpetuarse a través de la especie, los seres vivos no pueden darse el lujo de andar aniquilándose entre sí por un imaginario y estúpido gusto de “pelear hasta morir”. La naturaleza puede ser violenta pero no suicida. A este respecto, Konrad Lorenz, zoólogo y Premio Nóbel de Fisiología y Medicina en 1973, escribió lo siguiente: “ No existe ni un solo ser viviente capaz de defenderse que no disponga de sistemas de inhibiciones, esquemas innatos y desencadenantes que impidan la acción de matar a un congénere; si no fuese así, estaría expuesta a un serio peligro la conservación de la especie.” Quien haya visto una pelea entre machos dominantes de un grupo social de animales (perros, gatos, gallos), sabe que la disputa termina cuando uno de los combatientes “se rinde”, es decir, cuando reconoce la superioridad de su adversario y adopta una de las llamadas conductas de sumisión, que pueden ser por ejemplo: retraerse, agachar las orejas o emprender la huída. El vencedor “interpretará” este comportamiento como señal de triunfo y dará por concluida la pelea, pues su intención no es conseguir la destrucción del rival, sino su sometimiento. a partir de entonces se jactará de su dominancia sobre el vencido. Es cierto que en ocasiones la pelea puede terminar mal, quedando el adversario muerto o mal herido, pero eso no es atribuible a la naturaleza propia del combate sino a algún imponderable, o a que los frenos conductuales pueden fallar, como fallan en nosotros (incluso con mayor frecuencia de lo que se podría esperan en una especie “pensante). ¿Le servirá de algo al toro “rendirse” o adoptar una conducta de sumisión ante el torero? ¿No acaso los toros que son tildados de 'mansos' porque rehuyen el combate son doblemente castigados y lastimados para obligarlos a pelear? ¿Tiene algo de heroico cometer un vulgar acto de depreda disfrazado artificiosamente de “combate”?
4. DE LAS CONCLUSIONES FINALES Los modernos estudios de zoología y etología, desprovistos ya de los tradicionales prejuicios antropocéntricos, han dejado atrás la antigua concepción del mundo silvestre como un lugar caótico y salvaje, con animales peleándose y matándose entre sí, sin mayor voluntad que la de seguir sus instintos brutos y rudimentarios. Hoy sabemos que esto no es así; que en la naturaleza existe orden y equilibrio; y que los animales tienen formas de agruparse y de interrelacionarse mucho más complejas de lo que antes se creía. No todo es una lucha obcecada guiada por unos instintos ciegos de pelea que resultarían dañosos e improductivos sino tuvieran un mejor fin. Los actos realmente cruentos y agresivos que caracterizan por lo general a los carnívoros depredadores, no pueden generalizarse a todo el mundo silvestre. La llamada “ley de la jungla” ha tenido que redefinirse. De hecho, hoy sabemos que muchos animales tienen rituales de advertencia y amenaza que esgrimen como primer freno antes de enfrascarse en una verdadera batalla. La evolución ha facilitado el desarrollo de estas conductas que resultan beneficiosas para la supervivencia de las especies. Sobre este asunto, el conocido zoólogo y etólogo Desmond Morris escribió: “ En todas las formas superiores de vida animal, ha existido una pronunciada tendencia en esta dirección: la del combate convertido en rito. La amenaza y la contraamenaza han sustituido en gran parte a la verdadera lucha física. Desde luego hay luchas sangrientas de vez en cuando, pero sólo como ultimo recurso, cuando la disputa no ha podido solventarse con señales y contraseñales.” RESUMIENDO: Los animales sólo pelean por objetivos bien definidos y cuando las señales de advertencia y amenaza han fracasado. Las únicas luchas verdaderamente equilibradas se dan entre seres de la misma especie. Entre especies distintas la intención no es medir fuerzas, sino acometer, realizar un calculado acto de agresión o de depreda. Ningún animal pelea por el simple “gusto de pelear”, ni tampoco hay algún instinto que impulse a “pelear hasta morir”. En cambio, si existen mecanismos de inhibición bien definidos que buscan resolver los combates minimizando los daños. Podemos entonces decir, en base a lo expuesto, que la corrida es una práctica bruta y antinatural, que transgrede el orden de la naturaleza y violenta las pautas de comportamiento que tienen los animales . Es además, aberrante , porque deforma la realidad al pretender que un ser vivo por su propia 'naturaleza de pelear' disfruta y propicia su propia destrucción. De ninguna manera se puede seguir aceptando un embuste tan contumaz: los toros de lidia no nacen para morir en un circo, sino que ese es el cruel y arbitrario destino a que los ha sometido el hombre . El toro no es un carnívoro depredador, sino un herbívoro social; su naturaleza no es atacar sino defenderse cuando es agredido. Es probable que ni siquiera exista la supuesta 'raza de lidia'. Los instintos agresivos (o “de bravura”, como le llaman en su particular jerga) potencializados en un animal no apto para la caza, pueden ser contraproducentes para la estabilidad de su propia especie. La selección natural no favorece a las especies con tendencias destructivas. Finalmente no podemos soslayar la evidencia, de que todo ser vivo tiene una tendencia natural a aferrarse a la vida, y por ende, ningún animal puede disfrutar con propiciar su propio aniquilamiento. Pretender lo contrario, representa un insulto para cualquier persona que estime en algo su propia inteligencia.
Todos sabemos pues lo experimentamos dentro de nosotros mismos, que nuestros actos coscientes brotan de nuestros deseos y de nuestros temores. La intuición nos dice que esto también es cierto en lo que se refiere a nuestros semejantes y a los animales superiores. Todos intentamos huir del dolor y de la muerte, en tanto que buscamos lo que nos es agradable. Albert Einsten
Felis Magaña Mérida Yucatán
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Tauromaquia: Miseria de una fiesta nacional
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con 0 valoraciones. Publicado el Tuesday, September 04, 2007.
Por Luigi CAMPOS
Se ha calificado a las corridas de toros en España como una fiesta nacional. Sin duda, lo es, pero a su vez es una terrible afrenta a la dignidad del hombre.
¿Es un hecho cultural con tradición de siglos y con el apoyo expreso del vulgo y de la notable sociedad española? Sin duda citaría y encuentro en sus tres últimas partes una total respuesta afirmativa. En cuanto a relacionarla como un hecho cultural, en su valor humano y espiritual, sin duda alguna que es un gran error. La cultura "es una gran visión integral y con raíces del mundo, de la vida y de la historia. Una visión que se nutre, crece y modifica." Por lo tanto no es un hecho cultural sino una "media cultura" de una ignorancia total, alimentada por la vulgaridad, la mediocridad y el sadismo.
Por desgracia este tipo de espectáculo aún se sigue considerando com o algo "inherente al pueblo español", un presente de los "siglos del cuerno", un fenómeno social que desfavorece todas las tesis compasivas con el reino animal.
Veamos algunas pruebas de esta miserable condición humana. En el siglo XVII durante el reinado de Felipe III, Felipe IV y Carlos II, se celebraba las fiestas de toros en lo religioso y profano. Motivos religiosos que podrían ser festividades, canonizaciones, beatificaciones... y profanos en llegadas y recibimientos, matrimonios, nacimientos, cumpleaños, viajes y acontecimientos públicos.
Todos los años, con motivo de la festividad de San Isidro el 15 de Mayo comienza en Madrid la feria taurina que lleva su nombre, lo que significa un mes de corridas casi a diario (22 corridas de toros, 3 corridas de rejones y 3 novilladas picadas, en el año 2001). Esta carnicería anual también se celebra en mi país, Perú, e inicia un 1 de Octubre, llamada "Feria del Señor de los Milagros." ¡Es inaudito que Isidro honrad o como un santo entre los españoles desde 1175 se manche el buen nombre de este! Lo más sugerente y apropiado para dicha fiesta podría llamarse: la fiesta de Lucifer, o la fiesta de Belcebú, o simplemente la fiesta del Maligno.
Habría que decir que la tauromaquia (el arte de lidiar toros) no es más que una miseria de una fiesta nacional que no tiene nada de divino, épico o sobrenatural como se esfuerzan en elevarla los pro taurinos.
Este acontecimiento que se extiende por todo el territorio español y a varios países del área hispanoamericana no es más que una "españolada" (palabra textual del sabio y Premio Nobel en literatura, en 1906, Ramón y Cajal). No es más que la obra "no de hombres sino del demonio" San Pío V. Un espectáculo de muerte y vanidad humana, que nunca favorece a España.
En un capítulo titulado Alrededor de la Muerte , la inmortalidad y la gloria de Ramón y Cajal, nos escribe: "Una cornada en el corazón mata al caballo, una estocada en l a misma víscera derriba al toro, que a su vez, en derrote desesperado y vengador, abre al lidiador el pericardio. Puestos que todos poseen un corazón y un sistema nervioso complicado ¿concederemos alma a los tres o a uno sólo? Y si nos decidimos por la última disyuntiva ¿se la otorgaremos al caballo inocente, al toro feroz o al hombre rudo que en vez de cultivar la tierra, tiene por oficio destruir los animales que ayudan a labrarla? ¿Quién es menos bruto de los tres y el más digno de la inmortalidad del espíritu? Para mí la cuestión no ofrece la menor duda; el caballo."
Lope de Vega (1562-1635) no era aficionado ni apologista a las corridas de toros, pero una de las pocas condenas a la fiesta de los toros que se conoce de él, nos dice:
¡Fiesta mortal! A tu inventor primero maldiga el cielo con su mano eterna Mala, con toro manso; buena, fiero que mata, Hiere, pisa y desgobierna. La fiesta es ver morir bárbaro y fiero Contra la condición humana y tierna, Los que no os hacen mal, ni mal os quieren.
¡Bárbaros españoles, inhumanos! Más crueles que idólatras y escitas, Que entre la religión de los cristianos, Leyes fieras tenéis con sangre escritas. ¡Volved los ojos, si lo son de humanos, con lágrimas y voces infinitas, a questa imagen de dolor y miedo del mísero don Diego de Toledo.
Dice Pérez de Ayala en Política y toros que "es un hecho de profunda significación en la vida española y de raíces tan hondas y extensas que no hay actividad social o artística en que no se encuentren sus huellas, desde el lenguaje hasta la industria o el comercio." Una verdad que en nada favorece y pueda enorgullecer al pueblo español. Sin duda alguna, hay podero sas razones económica de la supervivencia de las corridas de toros. Un negocio de hecho público violento, innecesario y amoral. Pregunto: ¿Dónde están las leyes justas y representativas del adelanto del Derecho Civil español, en lo que a una buena norma se llamaría "la ley y el orden cívico"?
Es claro y evidente que existe una sociedad económica, política e intelectual y religiosa española aficionada, interesada e "infectada" por los toros como Vicente Espinel (1550-1624) quien le brinda grandes elogios y exaltación de la fiesta y de sus protagonistas. Y otros, conservadores, que ni lo elogian ni manifiestan su enemistad hacia el espectáculo taurino como el español y Premio Nobel Tirso de Molina (1571-1648) o Echegaray quien lo recibiera en 1904, en sus escritos no hemos encontrado ninguna opinión sobre los toros, ni siquiera una alusión. Lo que es obvio que responden a sus cobardías. No son más que testigos falsos que se han hecho a sí mismos, completamente indiferen tes, sin ética, ni moral, y sin formación espiritual.
Dentro de esta gran realidad de la vida española se manifiesta a una iglesia católica comprometida, colaboradora y sin oposición a esta ruina del alma.
Veamos como nos pone a la iglesia católica en relación con el mundo de los toros, el Premio Nobel de literatura , en 1922, el español Don Jacinto Benavente: " La Iglesia , nos dice, tiene o ha tenido, un espíritu benévolo, ha mirado siempre con benevolencia al espectáculo taurino."" La Iglesia , tan intransigente en ocasiones con el teatro, con el libro y con la prensa, dispensa la más benévola tolerancia a las corridas de toros." Como es posible, viene a preguntarse, Benavente, que la Iglesia sea tan dura con todo aquel desvío procedente de la inteligencia sea tan blanda para un espectáculo que extraña violencia"? "Para la inteligencia con todos los rigores; para la brutalidad las más indulgentes sonrisas." " La Iglesia , tan celosa en fulminar anatemas contra los errores de pensamiento (...) no lo es del mismo modo contra estos errores de acción."
Y es verdad que la postura de la Iglesia católica española ante las corridas de toros ha tenido que ver con las conveniencia que con la coherencia. He aquí algunos testimonios de religiosos católicos que atestiguan la tinieblas de estos actos.
Juan Mariana (1535-1624), el Padre Mariana, historiador y eclesiástico español, expone en su obra De Spectaculis, los argumentos más contrarios a la fiesta de los toros. Por ello es considerado este jesuita como uno de los grandes enemigos con que ha contado aquélla a través de la historia. Quien calificara de "nefasto, cruel y negro espectáculo."
Santo Tomás de Villanueva, Ermitaño agustino español, 1488-1555, habla de rito gentil, de barbaridad, de "bestial y diabólica usanza", advirtiendo a los que no prohibían las corridas que "no sólo pecáis mortalmente, sino que soís homicidas y deudores delante de Dios en el día del Juicio de tanta sangre violenta vertida."
"¡Cuán grandes son tus obras, OH Jehová! Muy profundos son tus pensamientos. El hombre necio no sabe, Y el insensato no entiende esto. Cuando brotan los impíos como la hierba, Y florecen todos los que hacen iniquidad, Es para ser destruidos eternamente." Salmos 92:5-7
A través de la fiesta de los toros se han creado incontables elementos culturales a lo largo de la historia: poesía, prosa, periodismo, teatro, música, cine y arte. Se le ha brindado grandes elogios y exaltación de la fiesta y de sus protagonistas como el Premio Nobel español Vicente Espinel (1550-1624). Pues esto es un signo más, claro y evidente, de la decadencia ética española, de la sensibilidad estética de sus presuntos homo sapiens. Es una estocada en la misma víscera a la idiosincrasia española , que se dice que recibieron de los romanos las influencias en sus caracteres, tales como el orgullo y el sentido del honor; de los árabes heredaron el "fatalismo", el e spíritu bélico y la pasión; que los godos les legaron el espíritu religioso y la diferenciación jerárquica; el individualismo y la independencia de los celtas, y que pueden presumir de valor y lealtad gracias a sus viejísimos abuelos los iberos. Pues en definitiva, las corridas de toros forman parte de la incivilidad ibérica, lo cual constituye uno de los rasgos permanentes de la idiosincrasia española.
Finalmente, el argumento central de este documento es que es censurable cualquier acto que implique sufrimiento o muerte de cualquier animal, sin otro motivo que la simple diversión, como es el espectáculo taurino, y que su práctica es un oficio infame y vil, y que es un hecho de profunda preocupación que el pueblo español se desvíe de la piedad y cristiana como lo creen serlos de auténticos creyentes y convencidos cristianos
LUIGI CAMPOS CHALCO,es Administrador de empresa con registro profesional número 11967, teórico del Estado, estudioso e investigador de las doctrinas sagradas y escritor de Lima-Perú.
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Papá, no me lleves a los Toros
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Por Álvaro Múnera Builes
"No me gusta ver torturar animales". Así le respondía Miguel, de once años, a Jorge Morales Gil, quien fuera mi compañero de curul, médico oncólogo y ex concejal de Medellín, a la propuesta indecente que le hacía a su hijo.
Y es que ahora en muchos casos son los hijos quienes dan lecciones de vida a los padres.
Siempre he pensado que el incremento de las responsabilidades van de la mano del nivel de civilidad de las personas y de los pueblos.
La capacidad del uso de la razón debe, necesariamente, orientar nuestros actos a la construcción de un mundo mejor, dejando atrás, y como negras páginas de la historia del hombre, toda esa carga de crueldad y violencia que le hemos infligido al ser humano y a los animales.
De tradición y cultura se han disfrazado muchas atrocidades que hemos venido heredando de generación en generación en contra de los animales, y llevar a una criatura a presenciar el linchamiento de un pobre animal, convierte a sus progenitores en degenerados asesinos de la inocencia y bondad de sus hijos.
En su momento, yo fui víctima de esa maldita herencia, y veo con alegría que cada día son menos los niños insensibilizados ante la tortura y muerte disfrazada de espectáculo. Gracias a Dios, Isabel, mi hija, estará a salvo, se los aseguro.
Y gracias también a decisiones históricas de muchos gobernantes que demostrando su grandeza han entendido que la violencia y la tortura van en contravía de la evolución del hombre, por mucha tradición que tengamos, que tirar al tarro de la basura, por tratarse precisamente de eso, basura revuelta con sangre.
Cito ejemplos. Al Concejo de Medellín, que fuera mi hogar por seis años y al que le debo la gran oportunidad de reparar con importantes proyectos parte de todos mis crímenes juveniles, le importó un pepino la perversa tradición de la matada del marrano en las calles, previa humillación y maltrato por parte de borrachos y energúmenos, y prohibió el sacrificio de animales por fuera de los mataderos tecnificados. El parlamento inglés, en histórica decisión, mandó al carajo más de tres siglos de tradición y sepultó definitivamente la no menos cruel y aristócrata cacería del zorro; Barcelona, que en teoría es la segunda ciudad española, pero que en la realidad es la primera, se declara "Ciudad Antitaurina" por acuerdo de su Concejo municipal, ejemplo que han seguido ya muchas otras ciudades Catalanas, la última, San Feliu de Llobregat, y la próxima, Girona; por el mismo camino va Lima, la capital peruana. Una diputada francesa radica un proyecto para erradicar las corridas de toros en Francia, y el ERC, partido que gobierna Cataluña, hace lo mismo con un proyecto que prohibiría la pica, las banderillas y la muerte del toro, convirtiendo las corridas de toros ahí sí en un espectáculo incruento y artístico, proyecto similar al que tuvo en sus manos la anterior Asamblea de Antioquia y que les quedó grande a los diputados por culpa de sus anacrónicas mentalidades.
Brindo por el niño Miguel Morales, sus palabras le dan la razón a los no violentos; por su padre, que entendió el mensaje; también por los zorros que aún sobreviven en la campiña inglesa, y espero muy pronto brindar por la no tortura de los toros, los gallos y todos los animales al que la bestia mayor lastima y mata por diversión o explotación. El día que el hombre deje esa masacre despiadada contra los inocentes se vislumbra en el horizonte. La juventud de hoy en día lo conseguirá, no tiene reversa.
Juliana Ríos Barberi Corporación RAYA Red de Ayuda a los Animales
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Corridas de Toros: Matar por diversión
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con 0 valoraciones. Publicado el Tuesday, September 04, 2007.
Tal vez hayas oído que la fiesta de los toros es un arte, pero no lo es.... Es una Ciencia... La ciencia de la Tortura Nada en la fiesta brava es genuino, solo el dolor.
Se cree valiente pero no lo es no tiene carácter fuerte
24 Horas antes de entrar en la arena, el toro ha sido sometido a un encierro a oscuras para que al soltarlo, la luz y los gritos de los espectadores lo aterren y trate de huir saltando las barreras, lo que produce la imagen en el publico de que el toro es feroz, pero la condición natural del toro es huir NO atacar.
También se le han recortado los cuernos para proteger al torero Le colgaron sacos de arena en el cuello durante horas. Lo golpearon en los testiculos y los riñones Le indujeron diarrea al poner sulfatos en el agua que bebió Todo esto es con el fin de que llegue débil al ruedo y en completo desorde n. Se le ha untado grasa en los ojos para dificultar su visión y en las patas se le puso una sustancia que le produce ardor y le impide mantenerse quieto, así el torero no desluce su actuación.
Los caballos de los picadores
Se eligen a caballos que ya no tienen valor comercial, por que el animal muere en 3 o 4 corridas a lo mucho, es muy habitual que el animal sufra quebraduras múltiples de costillas o destripamientos. Se les coloca un peto simulando que se les protege, pero en realidad se trata de que el publico no vea las heridas al caballo que con frecuencia presentan exposición de vísceras.
El trabajo del picador
Si el torero percibe que el toro embiste con mucha energía, ordena al picador hacer su trabajo: Consistente en desangrar al toro para deb ilitarlo, clavándole en el lomo una lanza que destroza músculos (trapecio, romboideo, espinoso y semiespinoso, serratos y transversos de cuello) Lesiona, además, vasos sanguíneos y nervios.
Esto es para que el torero pueda brindar la expresión artística que se supone debe tener este espectáculo.
Un solo puyazo podría destrozar al toro, por eso se hace en tres tiempos "para mayor goce de la afición."
Las banderillas
Las banderillas aseguran que la hemorragia siga se intenta colocarlas justo en el mismo sitio ya dañado con los ganchos de metal. El gancho se mueve dentro de la herida con cada movimiento del toro y con el roce de la muleta, el peso de las banderillas tiene precisamente esa función.
Algunas banderillas tienen un arpón de 8 cms, y se les llama "de castigo", a las cuales es sometido el toro cuando ha logrado evadir la lanza del p icador. Las banderillas prolongan el desgarre y ahondamiento de las heridas internas. No hay límite al número de banderillazos: tantos como sean necesarios para desgarrar los tejidos y piel del toro.
Demostrando Valor
La pérdida de sangre y las heridas en la espina dorsal impiden que el toro levante la cabeza de manera normal, y es cuando el torero puede acercarse Con el toro ya cerca del agotamiento, el torero no se preocupa ya del peligro y se puede dar el lujo de retirarse del toro después de un pase especialmente artístico, echando fuera el pecho y pavoneándose al recibir los aplausos del público
Cuando el toro alcanza este estado lastimero, el matador entra en el ruedo en una celebración de bravura y machismo, a enfrentarse a un toro exhausto, moribundo y confundido
La Espada
El toro es atravesado con una ESPADA de 80 cms de longitud, que puede destrozarle el hígado, los pulmones, la pleura, etc., según el lugar por donde penetre en el cuerpo del animal de hecho, cuando destroza la gran arteria, el toro agoniza con enormes vómitos de sangre.
A la hora de matar, si el toro corre con un poco de suerte muere de una estocada, pero no como se piensa de una estocada al corazón si no que la espada penetra pulmones y diafragma, a veces una arteria mayor, y de ahí la hemorragia que se aprecia del hocico y de la boca. A veces mueren ahogados en su propia sangre
La Tortura sigue
El toro, en un intento d esesperado por sobrevivir, se resiste a caer, y suele encaminarse penosamente hacia la puerta por la que lo hicieron entrar, buscando una salida a tanto maltrato y dolor. Pero entonces lo apuñalan en la nuca con el DESCABELLO, otra larga espada que termina en una cuchilla de 10 cms. A pesar de estos terribles tormentos, el animal no suele morir de inmediato por su gran fuerza, pero finalmente cae al suelo, porque la espada a ido destrozando sus órganos internos.
Asesinos
Cobardes
La Tortura sigue
Lo rematan con la PUNTILLA de 10 cms. con lo que intentan seccionarle la médula espinal, a la altura de las vértebras atlas y axis. El toro queda así paralizado, sin poder siquiera realizar movimientos con los músculos respiratorios, por lo que muere por asfixia, muchas vec es ahogado en su propia sangre, que le sale a borbotones por la boca y la nariz.
El Arrastre
DESPUES QUE LE DESTROZAN LAS VERTEBRAS, EL TORO PIERDE CONTROL SOBRE SU CUERPO DESDE EL CUELLO HACIA ABAJO, SIN EMBARGO HACIA ARRIBA SE MANTIENE INTACTO, POR LO QUE ESTA CONCIENTE DE TODO EL HORROR Y DE CÓMO ES ARRASTRADO FUERA DEL RUEDO.
NO SEAS INDIFERENTE A SU DOLOR
¿ Alcanzas a ver la lágrima escurriendo ?
No seas participante de estos eventos, no es humano presenciar, esas tradiciones no van con el siglo XXI
Reflexiona
La conmiseración con los a nimales está íntimamente unida con la bondad de carácter, de tal manera que se puede afirmar de seguro, que quien es cruel con los animales no puede ser buena persona. Schopenhauer
Solo los sicópatas se gozan tu eres uno de ellos reflexiona renuncia! esta es una tradición que NO debe continuar
¿Cómo puedes Ayudar?
No asistas a corridas de toros No apoyes a políticos, artistas y comunicadores asociados a esta barbarie No consumas productos de empresas que los patrocinen
Pero lo mas importante... Enseña a tus hijos el respeto por los seres vivientes
Difunde estas imagines, hará que la gente que disfruta de estas fiestas masoquistas tome conciencia de lo que hace. Recuerda, por cada e-mail que envíes cambiaras la manera de pensar de tus semejantes.
POR FAVOR DIFUNDELO NO SEAS UN SALVAJE MAS....
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Mentiras para justificar una ruindad. LOS FALACES ARGUMENTOS TAURINOS
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con 0 valoraciones. Publicado el Tuesday, September 04, 2007.
Giran muchos sofismas y tergiversaciones en torno a la llamada “corrida de toros”. Desde su nombre mismo, o sus sobrenombres (porque al parecer no tiene una nominación concreta), comienzan a notarse las contradicciones. Por ejemplo, acostumbra llamársele “fiesta brava”…
¿Fiesta?
¿Qué tiene de festivo ver morir a un ser vivo metódicamente alfileteado? A menos que se sea cruel o insensible no puede causar regocijo ver la sangre derramada de un inocente animal.
¿Brava?
El actual toro de lidia no es una animal salvaje. Es un bovino doméstico criado en ganaderías, acostumbrado a la presencia humana, y previamente entrenado y manipulado para propiciar el “lucimiento” del torero. A no ser que el término se refiera a este último y a las teatrales bravuconadas con las que gusta lucirse.
¿Fiesta nacional?
En México esta denominación carece de sentido. Sólo sería propia de España que la considera un patrimonio de su herencia cultural; esto claro, si los mismos españoles están de acuerdo y no tienen nada que objetar.
¿Fiesta de toros?
¿O a costa de los toros?
¿Lidia?
Lidiar significa pelear, disputar, batallar. El toro salta al ruedo en abrumadora desventaja, obligado sin otra alternativa, burlado y atacado en todo momento por una cuadrilla de montoneros. El resultado ya se conoce de antemano. Esto no puede considerarse una verdadera lucha.
¿Corrida?
Los toros ya no se hacen correr por el campo o por las calles como en otras épocas, ahora se les tortura en una plaza circular que evoca al infame Coliseo Romano.
¿Tauromaquia?
La Real Academia define este término como “ arte de lidiar toros ”; otros diccionarios como el Larrousse añaden “ y matar ”. Dado que como ya vimos, se trata de un enfrentamiento desigual en el que no existe una verdadera lidia, y dado que el propósito de un arte debe ser crear y no destruir, este término se presenta como una contradicción en si mismo y no puede estar sustentado por la lógica pensante.
¿Toreo?
Quizás este sea el término más cercano y aún así es inexacto, pues en su uso extendido “torear” se utiliza más como sinónimo de “burlar”, “sortear”, “esquivar”, y no precisamente de “torturar” ni de “matar”
¿Arte?
Existen muchas definiciones de arte, la mayoría subjetivas. En general la noción de arte no define el que un acto sea bueno o malo, solo el intento de expresar estéticamente una idea o un aspecto de la realidad. De todas formas lo que se espera del arte es que contribuya a la superación del individuo cultivando sus facultades positivas. No es ilógico pensar que esto pueda lograrse masacrando y destruyendo a un ser vivo.
¿Tradición?
Las tradiciones son costumbres antiguas transmitidas de generación en generación. Apegarse ciegamente a ellas es negarse al progreso y a la evolución, es aceptar nuestra propia incapacidad de cambiar para mejorar, es apoltronarse en el pasado y evitar responsabilidades frente al futuro. Podemos y debemos discernir sobre la herencia legada por nuestros ancestros, sobre las costumbres que conviene o no continuar, y aún sobre la forma de mantenerlas vigentes. Nadie en su sano juicio aceptaría hoy en día que continuaran efectuándose los tradicionales duelos del viejo oeste o los sacrificios humanos de aztecas y mayas, por muy heroicos o importantes que hayan sido en otras épocas.
¿Cultura?
El conjunto de ideas y costumbres en relación a una época y a un entorno conforman la cultura de un pueblo o una región. Al igual que la tradición, la cultura no es un valor inmutable sino susceptible de cambiar según los tiempos y las circunstancias. Decía Andre Malraux que “ la cultura no se hereda, se conquista ”, y en efecto, somos nosotros en el presente quienes vamos forjando nuestra propia cultura, mejorando nuestras ideas y costumbres y adaptándolas a las nuevas formas de vivir y de pensar. Lo contrario es estancarse, detener el proceso de la civilización.
¿Deporte?
El deporte es una actividad física recreativa. Ya desde aquí puede verse la aberrancia de considerar al toreo un deporte, pues lastimar y matar no puede ser más que una forma ruin y malsana de recreación o esparcimiento. Además como espectáculo público, el deporte implica competir en igualdad de condiciones, lo que obviamente no se da en la corrida; de antemano ya se sabe quien saldrá derrotado y si por una remota eventualidad, el toro hiere o mata al torero, eso no se considerará un resultado estadístico, sino un accidente o una tragedia. No existe la equidad competitiva.
¿Valentía?
En otras épocas se consideraba a la valentía como la simple ausencia de miedo. Esta concepción tan llana y tan guanga permitiría englobar en el término cualquier otra actitud (correcta o incorrecta) que implicara no sentir temor. Hoy sabemos que para que la valentía pueda ser encomiosa debe estar relacionada con una correcta actitud moral. No basta con tener audacia y arrojo si no se emplea en algo positivo. Decía Confucio que “ el hombre que sabe lo que es correcto y no lo hace, es un cobarde ”. Herir y asesinar por el puro placer lúdico o para satisfacer el ego propio, no puede considerarse algo correcto. Además, siendo la corrida un espectáculo montado a favor del torero, ¿no explica eso mucho de su supuesta “valentía”?
Se podrían seguir enlistando más incongruencias y contradicciones pues la corrida es una práctica plagada de eufemismos que disfrazan su real naturaleza abusiva y despiadada.
De la misma base sofística y distorsional, parten los argumentos trufados que utilizan muchos taurinos para defender este cobarde y cruel anacronismo.
Pero de ello podría hablarse en otros escritos…
Felis Magaña Mérida Yucatán
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Las Corridas de Toros
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con 0 valoraciones. Publicado el Tuesday, September 04, 2007.
La corrida no es una lucha darwinista por la existencia, por la conservación, por miedo o por necesidad; es una lucha por el placer de luchar. El hombre, el más batallador de todos los seres, busca el combate porque es su elemento vital, y si no tiene adversarios, los inventa. Como ningún animal se atreve ya a atacarlo, cría toros de lidia. Así lo exige su naturaleza. (Historia de los animales, su influencia sobre la civilización humana. Richard Lewinsohn)”
Se siguen haciendo en nombre de una falsa cultura; se alega que son toda una tradición; que son parte del folklore de un pueblo; que su práctica es todo un arte y que inclusive por ellas se han plasmado grandes obras pictóricas; que en ellas el hombre demuestra su valentía y arrojo; y no sé con cuantos pretextos más se continúan realizando como muestra de una conducta arcaica y bárbara, ese espectáculo en donde un ser majestuoso, imponente, noble, y de gran importancia en la mitología e iconografía de la mayoría de las civilizaciones es convertido en menos de dos horas en una albóndiga sangrante.
Toro, es el nombre de ese ser burlado, torturado, sometido con saña a un sufrimiento injustificable en nombre del “arte”. No es válido que con el argumento de cultura o tradición se perpetúen actos que van en contra del desarrollo del ser humano. Actos que le impiden mejorar su conducta; el no agredir, el respetar, el valorar todas las cosas que lo rodean sin importar si le gustan o no, si le son útiles o no, o si le agradan o no. El circo romano fue una verdadera tradición para su pueblo, y los esclavos al igual que los toros de lidia, eran preparados especialmente para ese momento, luego entonces ¿fue justificable que si para eso fueron creados, murieran miles de hombres? Algunos dirán que no hay comparación entre los actores del espectáculo, pero lo discutible es la crueldad del acto y no los que participan en ello, el hecho de disfrutar a costa del sufrimiento de un ser vivo (humano o no) es ya de por sí bastante malo. Lo condenable es la actitud del hombre hacia determinados sucesos... “ Hubieran visto la hermosura con que le dio la estocada de muerte” ¿Hermosura? < | | | |